5fars Diagnóstico y entrenamiento de las habilidades de la comunicación
09/01/2010

Escondidos tras la pantalla

Messenger, Facebook, Twitter, … Internet ha revolucionado la comunicación entre los jóvenes. Tienen, sin duda, más posibilidades de contacto que nunca, pero ¿están perdiendo la capacidad de comunicarse cara a cara?.

Hace unos meses tuve ocasión de hacer un viaje a Venecia con mi familia. Fuimos en coche, y nos alojamos en un céntrico hotel cerca de la Plaza San Marcos. Era para mi un anhelado viaje de placer, con lo cual ni tan sólo se me pasó por la cabeza llevarme el ordenador. El último día de nuestra estancia, quise hacer una reserva de un hotel de la Provenza para no volver de una tirada a Barcelona,  por lo que pedí al hotel si tenían Internet. Me indicaron que disponían de una sala con dos ordenadores a disposición de los clientes. Subí a la sala en cuestión, y me encontré los dos ordenadores ocupados por sendas adolescentes que tecleaban como posesas. Subí una hora más tarde, y una de ellas seguía en ello. Afortunadamente el otro ordenador estaba libre. Tardé casi una hora en hacer mis gestiones. Ella seguía tecleando sin pausa. A media mañana, decidimos hacer una visita a las fábricas de cristal de Murano. Compartimos el viaje en lancha con otros huéspedes del hotel: una familia francesa con un hijo pequeño. Entablamos conversación, y nos contaron que tenían otra hija mayor, de 16 años. ¿No ha venido con vosotros? – les pregunte- Sí, -me contestaron- Pero se ha quedado en el hotel. Está enganchada al Messenger desde que hemos llegado…

 

24 minutos menos

 

Leo en el libro “la inteligencia social”, de Daniel Goleman, la referencia a un estudio que me llama poderosamente la atención: afirma que por cada hora que la gente pasa en Internet, disminuye en 24 minutos el contacto personal con amigos, colegas y familia.

 La buena noticia es que la relación no es paritaria: no todo el tiempo dedicado a Internet es a costa de la relación personal. La mala noticia es que el consumo de Internet no para de crecer, especialmente entre los más jóvenes de la población. Si asumimos que cada adolescente pasa como mínimo una hora y media diaria de su tiempo navegando por la red, podemos deducir que está perdiendo más de media hora diaria de interrelación cara a cara con los demás.

El dato es preocupante, porque Internet, como medio de comunicación, presenta importantes interrogantes. Y la consecuente pérdida de contacto personal supone una seria amenaza para la capacidad de los jóvenes de relacionarse con los demás.

 

Messenger:  el escondite perfecto

Dos compañeros de clase salen del colegio. Han pasado 8 horas juntos, y han tenido, aparentemente, todo el tiempo del mundo para compartir sus experiencias, vivencias e inquietudes. Sin embargo no es hasta que llegan a casa y se conectan al Messenger, que empiezan a contarse todo lo que no se han contado hasta entonces. Intercambian mensajes como si hiciera semanas que no se ven, y se han visto cinco minutos antes.

Los adolescentes de hoy en día son capaces de expresar, vía Messenger, sus más profundos sentimientos. Se “desnudan” emocionalmente a través del teclado del ordenador. Sin embargo, cara a cara,  pueden prácticamente no dirigirse la palabra. Parece como si necesitaran la protección de la pantalla para ser capaces de decirse las cosas.

Este fenómeno tiene diferentes implicaciones que afectan profundamente las relaciones entre ellos. En primer lugar, el Messenger les proporciona el escondite perfecto para expresarse sin exponerse en absoluto. Pueden decir lo que quieran sin temor a la reacción del otro. Están en el entorno seguro de su pantalla de ordenador, sin que nadie les vea, y sin tener que dar más explicaciones que las que quieran dar. Esto les provoca una pérdida de habilidad en el intercambio personal, (la comunicación personal se aprende practicando) y puede desembocar en una especie de “analfabetismo relacional” que les hará el camino mucho más difícil cuando como adultos no tengan más remedio que interactuar con los demás.

En segundo lugar, los jóvenes pueden estar construyendo relaciones que estén muy lejos de la realidad, porque la información que comparten vía Messenger es una información que viene desprovista de las pistas necesarias para su correcta comprensión. Es imposible interpretar correctamente una emoción sin oír o ver a la persona que la expresa. Como receptores, podemos interpretar de forma totalmente equivocada el mensaje que recibimos. Y como emisores, podemos fingir cualquier emoción sin ser desenmascarados. Escondidos tras la pantalla, y tecleando desde un ordenador, podemos fingir lo que queramos. Podemos construir realidades inexistentes, o pretender emociones que no sentimos. En la relación cara a cara, todo esto es imposible, porque el cerebro es sincero por naturaleza, y se encarga –a través del tono de la voz o de pequeños gestos- de comunicar lo que sentimos, pongamos las palabras que pongamos.

Por eso las relaciones humanas no puede prescindir de la comunicación cara a cara, porque sólo cara a cara hay certeza de sinceridad en lo que se dice. Y por eso es importante que los jóvenes no la sustituyan por interminables sesiones de Messenger, cinco minutos después de haber estado cara a cara sin decirse casi nada.

 

Facebook: a la caza de amigos

 

Las redes sociales –el otro gran ladrón de tiempo para la relación- han introducido un nuevo reto para los jóvenes: cuántos amigos son capaces de tener. Hay una verdadera competición por cuánta gente tengo agregada en mi grupo, y hoy en día, en cualquier reunión de jóvenes, la pregunta es obligada: ¿cuántos amigos tienes en facebook?

La respuesta, cada vez que la oigo, no deja nunca de sorprenderme. Nadie baja de 300, y en muchos casos llegan a 1.000, ó hasta 2.000. (Aquí la fantasía ha tomado claramente el relevo a la realidad). Lo que es seguro es que, de entrada, el lenguaje está mal utilizado. No se trata de amigos. Se trata de –en el mejor de los casos- de meros conocidos, o conocidos de conocidos. Yo me apunté a facebook recientemente. (la verdad, no me entusiasma, pero siento que tengo que conocerlo) y a los pocos días recibí un montón de mensajes de gente que me invitaba a que fuésemos amigos. ¿Amigos? Cuando repasé la lista pude ver que alguno de los que me lo pedía me la había jugado a base de bien en el pasado…. Por tanto, cuando hablamos de redes sociales, ¿De qué tipo de relación hablamos exactamente?

Las relaciones a través de las redes sociales son relaciones de contacto, nada más. No niego en absoluto su utilidad, pero sí cuestiono que se trate de verdaderas relaciones. Hablamos de 300 amigos, cuando una auténtica relación de amistad no nos la podemos plantear con más de una decena de personas, porque el esfuerzo que requiere, simplemente nos agotaría. Algo falla, pues, en las cuentas.

Al mismo tiempo, las redes sociales introducen, de nuevo, un factor de engaño, autoengaño o fantasía importante. Sólo hace falta meterse un rato en Facebook para descubrir perfiles con fotografías de presentación de hace 10 años (sospechosos liftings incluidos), o líneas de currículum absolutamente fantasiosas. Uno puede ser en facebook quien quiere ser, no quien verdaderamente es.

 

Padres que han dimitido.

 

Da la sensación de que, como padres, estamos tirado la toalla frente a esta nueva generación de jóvenes internautas que se pasan media vida conectados a Internet.

En algunos casos hemos renunciado a conocer y familiarizarnos con todas las nuevas formas de comunicación. No conocemos el mundo del Messenger, de las redes sociales, y no hemos hecho el esfuerzo de valorar sus riesgos, para aconsejar a nuestros hijos sobre su utilidad o marcar los límites razonables a su uso. Reconozco que supone un esfuerzo, pero sólo conociendo a fondo esta realidad podremos actuar.

 En otros casos, parece que hayamos optamos por dejar de tutelar a nuestros hijos sobre cuándo y cuánto deberían utilizar todos estos instrumentos. Hace unos días, comiendo en un restaurante en la montaña, pude vivir un ejemplo: tenía en la mesa de al lado una familia compuesta por un padre una madre y dos hijos quinceañeros (chico y chica). El chico, al minuto de sentarse en la mesa, sacó su Nintendo del bolsillo y se puso a jugar. Acto seguido, la chica sacó su móvil y se puso a mandar mensajitos uno detrás del otro. No compartieron ni una sola palabra en toda la comida. Sólo oímos su voz para  hacer el pedido al camarero. Los padres no mostraron ninguna angustia. Parecía que la situación era normal para ellos. Evidentemente aquella comida no tenía nada de lo que entenderíamos por una “comida familiar”. Probablemente no era más que un recurso para no hacer la comida en casa. Sin embargo, era domingo, y estaban en un encantador pueblo de montaña. La ocasión debería invitar a la relación.

Los padres no podemos “dimitir de padres” en este asunto. Debemos conocer los instrumentos que usan, y debemos fijar las reglas del juego y los límites.

De hecho, hay entre adolescentes y adultos una responsabilidad de doble dirección: Ellos han de enseñarnos el uso de las nuevas tecnologías, su lenguaje y sus posibilidades. Nosotros hemos de enseñarles a usarlas en su justa medida.

 

Entender los usos de Internet.

 

Nadie puede recibir un verdadero abrazo o un beso a través de Internet”.

Norman Nie

Internet es un gran invento, y ha revolucionado la comunicación. Nos permite estar en contacto con personas que se encuentran en la otra punta del planeta, recuperar viejas relaciones, o localizar conocidos a quien hemos perdido la pista (hace poco recibí una foto de cuando tenía 18 años que me mandó un colega italiano que conocí en un curso de Inglés en Inglaterra, y que me localizó gracias a Facebook).

 

Sin embargo, esta maravillosa capacidad de contacto no va acompañada de profundidad en la relación. Parece que estamos –en algunos casos- cambiando cantidad por calidad. Como afirma el profesor Serrano, las nuevas tecnologías facilitan, y mucho, los lazos de unión entre los jóvenes, si bien parece que los quieren débiles.

En este contexto, son muchos los profesionales de la comunicación que están dando la voz de alarma: las nuevas tecnologías favorecen sin duda los contactos entre la gente, pero al mismo tiempo, están debilitando peligrosamente las relaciones.

Utilicemos pues cada medio para lo que sirve: internet para contactar, y la relación personal cara a cara para construir y desarrollar una profunda relación. Dejemos que los jóvenes utilicen internet para ponerse en contacto, para compartir información, para encontrarse o para reencontrarse. Pero ayudémosles también a que no renuncien al contacto personal para construir y hacer crecer las relaciones de amistad, muchas de las cuales pueden haber surgido sin duda del contacto en la red.

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