5fars Diagnóstico y entrenamiento de las habilidades de la comunicación
01/01/2008

Jefes autoritarios: ¿rol o carácter?

¿Cómo podemos lidiar con un jefe autoritario? ¿Funciona la autoridad como forma de liderazgo? ¿Hay otras formas mejores de dirigir a la gente?

Hace unos años, trabajando en una agencia de publicidad, fuimos a presentar un anuncio a uno de nuestros clientes. Nos recibió el Director de Márketing al que acompañaba todo su equipo. Tras los preámbulos de rigor, hicimos nuestra presentación, y el Director de Márketing, antes de emitir ningún juicio, les pidió a los suyos su opinión. Este proceso se realizaba habitualmente en estricto orden jerárquico, empezando por el más “junior” y acabando por el más “senior”, así que tomó la palabra un asistente que no llevaba más de seis meses en la compañía, y con bastante sentido común y acierto empezó a decir lo que pensaba. A mitad de sus palabras, el Director de Márketing lo interrumpió para decirle textualmente: “Para el carro, tu opinión no nos interesa. Tu estás aquí para ver y escuchar. Ya te avisaré cuando considere que puedes opinar”.

Se lo dijo delante de todos. De sus compañeros y de nosotros. Me quedé petrificado, pues nunca antes había asistido a una demostración de autoridad tan despótica. Evidentemente el asistente en cuestión no dijo nada más. Ni en aquella reunión ni en las diez siguientes en las que coincidimos, antes de que encontrase otro empleo y dejase la compañía.

Trabajar en “imperios del miedo”.

Afirma el profesor Richard Boyatzis, catedrático de conducta de las organizaciones, que “los jefes autoritarios son tóxicos”. Y lo son porque generan espacios de trabajo dominados por la desconfianza y el miedo, cosa que además de ser emocionalmente muy duro, anula toda iniciativa y toda creatividad. Como afirma Chris Lowney, “son jefes que en lugar de liderar se limitan a presidir lugares de trabajo darwinianos, en los cuales el individuo o nada o se ahoga”.

Los líderes autoritarios constituyen una seria amenaza para la estabilidad emocional de todos los que tienen a su alrededor, ya que como líderes de un grupo humano, son las personas que mayor influencia ejercen en las emociones de los demás.

Pero crear “imperios del miedo” no sólo es perjudicial para las personas que trabajan bajo el mando del líder que los crea, sino que supone un gran riesgo para el futuro de las empresas. Porque las personas angustiadas no rinden, y lejos de dar lo mejor de sí, se limitan a subsistir lo mejor que pueden. Además, las personas lideradas por un jefe autoritario acaban contribuyendo a que el ambiente se degrade, ya que bajo su presión acaban teniendo una gran dificultad en interpretar y gestionar adecuadamente las emociones de los demás. Como nos recuerda Sergio Cardona, “El miedo paraliza el cerebro, y es una buena fuente de mentiras y del hundimiento de las organizaciones”.

No es de extrañar pues que la primera causa de conflicto laboral en las empresas resida en las críticas inadecuadas de los jefes, pues los ataques de un jefe autoritario acaban provocando en su interlocutor un secuestro emocional, sobretodo cuando este jefe es una persona importante en la organización.

¿Como lidiar con un jefe autoritario?

La autoridad puede manifestarse por dos causas: por que forma parte de nuestra personalidad, o porque sin ser personas autoritarias nos sentimos en determinadas circunstancias empujados a serlo. En el primer caso hablaremos de jefes autoritarios por carácter, y en el segundo de jefes autoritarios por rol.

Lidiar con ellos no es fácil en ningún caso, pero nuestras opciones van a ser muy distintas si estamos ante un jefe que es autoritario, o que se comporta autoritariamente.

Ante un jefe autoritario por carácter, sólo podemos esperar dos cosas: que su ineptitud no pase desapercibida a la organización y sea lo antes posible relevado, o que tengamos nosotros la oportunidad de cambiar de trabajo y consecuentemente de jefe. Estas son la mayoría de las veces las únicas opciones posibles, porque partimos de un problema de base y es que estos jefes autoritarios raramente se reconocen como tales. Como peores jefes son, menor autopercepción tienen de su problema.

Sin embargo, ante un jefe que se comporta autoritariamente como rol, la cosa cambia, y la clave está en que comprendamos el porqué de su comportamiento. Es preciso entender que los jefes autoritarios por rol son víctimas de su inseguridad. A mayor inseguridad, mayor autoritarismo. Cuando no controlan la situación, cuando las cosas se les escapan de las manos, cuando están sometidos a excesiva presión... es entonces cuando ejercen su autoridad con todas las consecuencias, sacando a la luz su peor cara.

Estos jefes se comportan así típicamente cuando “estrenan” puesto, durante los primeros meses de una nueva responsabilidad, o en cualquier circunstancia extraordinaria que les suponga estrés o tensión. Pero es bueno saber que en la mayoría de los casos les pasará. Cuando sientan que dominan la situación bajarán la presión, dejarán de comportarse autoritariamente, y mostrarán otras caras con las que es más fácil conectar. Nosotros podemos jugar un papel determinante para que cambien: no confrontándoles su actitud sino contribuyendo a hacerles sentirse seguros. Porque es su inseguridad la que hace salir su autoridad.

En ambos casos, sean jefes autoritarios por rol o por carácter, es importante no reaccionar, no tomárnoslo como algo personal, pues corremos el riesgo de entrar en una dinámica de ataque y contraataque que convierta la situación en insoportable. Hemos de evitar las reacciones de huida o ataque, y mantener nuestra estabilidad interior.

¿Es la autoridad una buena forma de liderazgo?

Es, me temo, una de las preferidas por muchos jefes. Pero como asegura Richard Boyatzis con rotundidad, “el líder autoritario tiene muy poco futuro”. Hay que tener en cuenta que la autoridad es sin duda una forma efectiva de lograr que los otros “hagan cosas”, pero no que las hagan con convencimiento o de propia iniciativa. Los líderes autoritarios son efectivos consiguiendo que el trabajo “salga adelante”. Puede incluso proyectarse una falsa imagen de eficacia y rapidez. Pero la realidad es que el trabajo “sale adelante” a costa de la relación entre las personas, con lo que la estabilidad emocional del equipo y su motivación se vienen abajo. A medio plazo el resultado es desastroso, aunque haya una primera percepción positiva.

Típicamente bajo un liderazgo autoritario la gente acaba “cumpliendo órdenes”, renunciando a su iniciativa y a su implicación, dejando de lado cualquier atisbo de creatividad y aportación de valor, con lo que las cosas tarde o temprano dejarán de funcionar. Es el momento en donde el jefe autoritario ha de asumir todo el trabajo en primera persona y tiene la sensación de abandono por parte del equipo.

Es remarcable que los líderes autoritarios, ante los problemas, tienden más a buscar culpables que a encontrar soluciones. Señalan con el dedo a los responsables para salvaguardar su imagen, y esto sin duda no contribuye a generar un ambiente de trabajo que motive. La gente acaba aguantando el tiempo estrictamente necesario para buscar una alternativa. Sólo aquellos que no tienen una opción mejor, o que ya se han contagiado de su inseguridad, aguantan al lado de un jefe autoritario.

La autoridad puede ser una forma efectiva de manejar una crisis puntual, o incluso una situación de cambio, pero no es una forma de liderazgo que consiga crear buenos equipos de trabajo, y por tanto que reporte resultados positivos a medio o largo plazo

Un liderazgo alternativo: tener presentes las emociones.

Nos dice Chris Lowney que “las organizaciones dan lo mejor de sí cuando los miembros del equipo se respetan los unos a los otros, se estiman y se valoran”, y esto empieza por el líder, que es quien mayor influencia emocional tiene en el grupo.

Los grandes líderes son personas que saben manejar las emociones. Las propias y las de su equipo. Cuando un líder carece de la capacidad de encauzar adecuadamente las emociones, nada de lo que haga funcionará como es debido.
La razón es que debajo de todo problema técnico, hay siempre un problema humano. Como jefes no debemos olvidarlo. Debemos preocuparnos por crear entornos emocionales positivos, y por comprender las motivaciones y los problemas de nuestra gente.

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Como ocurre a menudo, a pesar de su carácter manifiestamente autoritario, aquel Director de Márketing progresó. Llegó a Director de la División, y pasado algún tiempo decidió explorar nuevos horizontes y fichar como Director General en otra compañía. Duró poco, muy poco. En la nueva empresa, asustados por su estilo, prescindieron de él para evitar males mayores. No se si la experiencia le animó a mirarse él mismo, y a cambiar su autopercepción. Espero que sí. Por él y por las personas que dirija en el futuro.

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