Hablar desde el Hara


La delgada línea roja que separa el éxito del ridículo

El mejor halago que alguien puede recibir de una presentación es que se notaba que le salía de dentro (desde el Hara, como dicen los japoneses). Porque cuando hablamos desde la convicción interior, mostramos una expresión natural, auténtica, que nos da credibilidad como oradores y da fuerza y sentido a nuestro mensaje.

Algo muy distinto de lo que hemos podido ver recientemente en la presentación de Madrid 2020 por parte de la Alcaldesa de la ciudad, que realizó una presentación sobreactuada, artificial, y poco creíble, que contrastó, por ejemplo, con la del primer ministro japonés que fue capaz de disipar de forma convincente los temores sobre Fukushima. Él dio la sensación que sí hablaba desde el hara.

En la comunicación publica, la línea roja que separa el éxito del ridículo es muy fina, y la podemos muy bien cruzar sin tener la más mínima consciencia de ello. Porque somos muy malos jueces de nosotros mismos. Y lo somos porque ni nos vemos, ni nos oímos como nos oyen los otros.

Para estar seguros de que nuestra comunicación transmite esta naturalidad y autenticidad necesitamos tener buenos “espejos”: personas de nuestra confianza capaces de decirnos cómo nos están viendo, y qué funciona y no funciona de nuestra comunicación. Personas que nos conozcan y sean capaces de captar si realmente estamos expresando nuestra convicción interna, si realmente hablamos desde el hara.Por desgracia, nos cuesta mucho pedir la opinión a los demás sobre nuestra comunicación, y más aún vernos y analizarnos, único camino para progresar. Y en el caso de los políticos, muchas veces es su propio entorno el que no se atreve a decirles la verdad, o no lo juzga conveniente. Flaco favor, ya que ahí queda la presentación, colgada en you tube para la historia.


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