El péndulo asertivo


Es lunes y Carlos llega tarde. Su jefa, persona ponderada y prudente, no le dice nada. Es martes y vuelve a llegar tarde. Su jefa piensa que tiene que decirle algo pero mejor esperar al final de la reunión. La reunión termina y su jefa de nuevo no le dice nada. Es miércoles y Carlos llega tarde por tercera vez. Sólo entrar por la puerta se disculpa ante su jefa:

- Lo siento, he pillado un atasco monumental.

Levantando desmesuradamente la voz, ésta le contesta:

- Pues me parece una falta de respeto y una irresponsabilidad, y no estoy dispuesta a tragar ni un día más.

Esta es una respuesta que ni Carlos entiende ni su jefa quería dar. Ha sido víctima del péndulo asertivo.

La asertividad se encuentra entre dos extremos: la pasividad, (que es cuando no nos atrevemos a decir las cosas), y la agresividad (que es cuando las decimos con demasiado ímpetu). Y este sistema funciona como un péndulo: si me voy al extremo de la pasividad, no diciendo las coses y callándomelo todo, me voy cargando emocionalmente de manera que cuando ya no puedo más y finalmente lo digo, sin darme cuenta y por efecto del péndulo me voy al otro extremo y caigo en la agresividad.

Este es el péndulo asertivo, y la explicación a las salidas de tono que algunas veces tienen persones que sabemos razonables y ponderadas, y que un día nos sorprenden con una agresividad desproporcionada. Y para no caer en él sólo hay una solución: Decir las cosas enseguida que ocurran la primera vez. Porque a muchos no nos gusta ser agresivos, y lo acabamos siendo por haber sido demasiado pasivos.


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