Acompañar la tristeza

Siempre hemos explicado que la tristeza se acompaña con la presencia, con el abrazo, con el tacto. Que hay pocas palabras que sean adecuadas, y que son muchas las veces que en un intento de consuelo decimos banalidades (o algunas veces verdaderas barbaridades: ¡que suerte! -me decía un amigo tras la muerte súbita de mi padre- es la muerte que todos quisiéramos. Y me lo decía cuando yo estaba en shock por todo lo que no le había podido decir).

Y ahora estamos confinados, no pudiendo acompañar con nuestra presencia la tristeza. Es desolador no poder abrazar a alguien que ha perdido un ser querido, o no poder recibir ese abrazo si lo hemos perdido nosotros. Simplemente desolador.

¿Qué podemos hacer? ¿Hay alguna solución? A mi -desde el punto de vista de la comunicación, que es mi trabajo- sólo se me ocurre una: trabajar un buen mensaje, dedicar un tiempo a pensar en esa persona perdida, o en esa persona querida que ha perdido a alguien, entrar en sus mundos, y transmitir un mensaje muy implicado, que llegue, que lleve todo el amor del abrazo que no podremos dar.

“Tu no me conoces, pero tu madre me ayudó mucho. Y no me conoces porque nunca quiso que lo supieras” Este es un mensaje que recibí en la muerte de mi madre, y que me emocionó profundamente, porque reflejaba perfectamente su carácter, su forma de ser. Este mensaje me consoló mucho, me conectó con todo el amor que desprendía mi madre. Me ayudó.Y tengo algunos más guardados, que de vez en cuando releo y me reconectan con mis padres.

La tristeza es un sentimiento que procesado deriva al amor. Cuando puedo contar cosas sobre mis padres, y lo que siento ya no es tristeza sino amor, es cuando sé que he pasado el duelo. Los mensajes que puedan ayudar a hacer este camino serán un precioso regalo. Sobre todo a falta de abrazos.

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