Revitalizar las relaciones

July 3, 2009

Empiezan las vacaciones. Tiempo de descanso, de actividades, de viajes… y la ocasión ideal para dar un salto cualitativo en nuestra comunicación y revitalizar y recomponer nuestras relaciones, haciendo nuestros vínculos de afecto.

 

Cenaba hace unos días con unos compañeros de trabajo para despedir el curso laboral y celebrar la llegada del verano. Empezamos a hablar de las vacaciones, y enseguida surgió la palabra mágica: desconectar. Desconectar del trabajo, de los problemas, de los clientes, de los “jefes”. Desconectar de la rutina, de las obligaciones de la tiranía de los horarios… Todos expresamos nuestra particular ansia de desconexión, hasta que le llegó el turno a un compañero, que tras escucharnos a todos, nos dijo: “todos esperáis desconectar, y lo entiendo. Pero yo en cambio, lo que de verdad necesito estas vacaciones es reconectar. Porque inmerso en mi día a día, con jornadas de trabajo de catorce horas y fines de semana llenos de actividades metódicamente programadas, me siento cada vez más lejos de los míos: de mi mujer, de mis hijos, de mis amigos…

 

Relaciones que se desdibujan

 

En nuestro ajetreado día a día, nuestras relaciones se resienten de la crónica falta de tiempo para atenderlas, pero también, y de forma importante, de la superficialidad en nuestros encuentros y de la falta de sustancia en la comunicación.

 

Como afirma el profesor Sebastià Serrano, en el agobiado mundo en que nos movemos, vivimos bajo mínimos en los niveles de afecto. Y ello es letal para cualquier relación.

 

Ahora llega nuestro tiempo de descanso, y probablemente ya nos hemos planteado como llenarlo de trepidante acción, con excitantes viajes arriba y abajo, y actividades las veinticuatro horas del día. Quizás en vez de ello- o al menos además- podríamos aprovecharlo para mimar un poco nuestras relaciones, reforzarlas, hacer crecer nuestros vínculos de amistad y afecto, y situarlas en un nivel superior, de manera que no tengamos que temer por ellas cuando nos toque volver a la “normalidad”.

 

La comunicación: oxígeno vital

 

Vivimos tiempos de muchos contactos, de muchas palabras, pero de muy poca comunicación. Y como nos asegura John Powell, el éxito o fracaso en las relaciones humanas viene principalmente determinado por el éxito o fracaso en la comunicación.

 

Parece pues, que nos convendría prestar especial atención a cómo y cuánto nos comunicamos si queremos ver crecer nuestras relaciones. Abandonar este diálogo entre sordos en el que a menudo nos vemos sumergidos, y empezar a tener verdadera comunicación. Será el ingrediente básico que las revitalice y las despierte del letargo, y que nos permita recuperar parcelas de felicidad.

 

Como afirma el profesor Serrano, aún hoy, las estrategias comunicativas son las mejores estrategias de confort, de supervivencia y de felicidad que conoce la naturaleza humana.

 

Profundizando en la comunicación.

 

Las relaciones crecen lo que crece la comunicación entre nosotros. Tendremos relaciones con sustancia, si somos capaces de dotar de sustancia nuestra comunicación. Pero ¿cómo hacerlo?

 

Distinguimos cinco niveles de comunicación que tienen un efecto muy distinto en la relación. Profundizar en estos niveles, y ser capaces de llegar al quinto nivel en aquellas relaciones que tienen un especial significado para nosotros será el camino a recorrer.

 

Primer nivel: Hablamos de “cosas”. Se trata de la clásica conversación “de ascensor”. Hablamos del tiempo, del ruido de las obras de los vecinos, o del último estreno de la cartelera. La mayoría de las veces nos limitaremos a expresiones tópicas, a frases hechas de mero convencionalismo, desprovistas de toda intención comunicativa. En este estadio lo único que hacemos es reconocernos la mutuamente nuestra presencia y llenar un silencio que nos incomoda. Todos somos conscientes de la superficialidad de la interacción, y por eso no se nos ocurre contestar sinceramente a las preguntas de cortesía como el ¿Todo bien? o el ¿Qué tal la familia?. No compartimos nada de nosotros en este estadio, y a menudo provocamos situaciones como las que describe Powell, cuando dice: todos dan la sensación de haberse reunido para estar solos en grupo. En este nivel hablamos, pero no nos comunicamos en absoluto. Es un nivel neutro, que ni nos ayuda ni nos perjudica.

 

Segundo nivel: hablamos de los otros. No nos atrevemos aún a hablar de nosotros, y por ello elegimos a terceras personas como sujeto de nuestra conversación. Hablamos de los que no están presentes comentando sus vidas, sus anécdotas, o haciéndonos eco de comentarios que hemos oído. El problema es que caemos rápidamente en la crítica fácil. Y que hablando de los demás a sus espaldas, tejemos relaciones de desconfianza: aquellos que nos escuchan, rápidamente pensarán qué podemos decir de ellos cuando no estén presentes… En este nivel sigue sin haber un verdadero intercambio, y no es ni tan siquiera neutro: a la larga, contamina las relaciones.

 

Tercer nivel: hablo de mi. Lo hago descriptivamente: quien soy, cuántos hijos tengo, dónde trabajo… incluso puedo manifestar algunas opiniones. Es como sumergir el pie en la piscina para comprobar la temperatura del agua antes de tirarme. En realidad, estoy comprobando la respuesta de los demás, viendo cómo reaccionan a mis palabras y si me corresponden o no. Pero existe un riesgo: fácilmente puedo acabar diciendo lo que los demás esperan oír de mi, simplemente para ganarme su complicidad. Este nivel es un preámbulo a la comunicación. Necesario en muchos casos, pero no suficiente.

 

Cuarto nivel: hablo de mis sentimientos. Comunico lo que siento frente a una situación, un hecho o una persona. Aquí empieza la comunicación de verdad. Me empiezo a descubrir como persona, permitiendo que me conozcan tal como soy. Estoy compartiendo una parte muy íntima de mi, y empieza por tanto un intercambio de gran calidad. Sólo tiene un pequeño inconveniente, y es que yo puedo estar contándote mis sentimientos y tu los tuyos, pero no necesariamente tienen que tener ninguna relación. Estaremos intercambiando comunicación, pero no estableciendo propiamente un diálogo. Sería como ver dos barcos cruzándose en la noche, sin que se produzca entre ellos ningún encuentro. Es sin duda un nivel constructivo de comunicación, pero todavía nos queda recorrido.

 

Quinto nivel: Hablamos de nuestros sentimientos interpersonales. Qué siento yo respecto a ti, y que sientes tu respecto a mi. Cómo me afecta tu vida, y cómo afecto yo a la tuya. Si me das energía o me la quitas, si me levantas el ánimo o me siento mal a tu lado… Se trata de la comunicación en mayúsculas, la que hace crecer una relación, el verdadero diálogo. Es el nivel que supone complicidad, mutua comprensión y acercamiento. Es la comunicación que nos puede ayudar a reconectar en nuestra relación.

 

“Auditoría” de nuestras relaciones

 

Sería interesante valorar a qué nivel nos relacionamos habitualmente y a qué nivel podemos llegar con cada una de nuestras relaciones más próximas. Una vez hecho el diagnóstico podemos decidir cuáles queremos y nos determinamos a llevar más lejos.

 

Deberemos necesariamente ser selectivos, pues hacerlo con todas ellas nos agotaría. Pero hacer la “auditoría” nos puede dar muchas pistas, y nos puede ayudar a descubrir relaciones que tenemos en la vía muerta, y los motivos por los que están en este letargo.

 

Respetando la simetría de la relación

 

Debemos evitar en todo momento “saltos al vacío”, tomando una relación que se desarrolla en un nivel absolutamente intrascendente (nivel 1) y llevándola de golpe al sentimiento interpersonal (nivel 5). Corremos el riesgo de desconcertar a la otra persona, y que no estando dispuesta a ponerse a nuestro nivel, simplemente escape corriendo.

 

Es importante no dejar que hayan grandes asimetrías en la relación, que avancemos paso a paso y que nos aseguramos que el otro también avanza –aunque sea un pasito por detrás nuestro-. Una cosa es llevar la iniciativa, y otra muy distinta desbordar al otro.

 

“Excursiones” al quinto nivel

 

Es evidente que no podemos pretender establecer relaciones que se desarrollen sólo y por sistema en el quinto nivel: supondría un nivel de permanente trascendencia agotador, y probablemente no hay relación que tuviera tema para estar siempre en este nivel.

 

Lo interesante es llegar a él en ocasiones, y saber que podemos –si lo queremos o necesitamos- llegar a él. Dialogar los sentimientos interpersonales es el único camino para solucionar un conflicto, por tanto puede darse en cualquier relación la necesidad de este tipo de diálogo. Si lo hemos practicado antes, sabremos cómo abordarlo. Si lo tenemos que experimentar por primera vez con un conflicto de por medio, lo tendremos complicado.

 

Es bueno por tanto hacer idas y venidas en cada nivel, pequeñas “excursiones” al nivel quinto para mantener el canal abierto, y eso si: el primero y el segundo, ¡evitarlos!.

 

Un verano para regalar comunicación

 

Estoy seguro que tenemos todos una gran lista de actividades para hacer este verano. Hay un montón de cosas que estamos esperando hacer. Surf, buceo, vela, golf, bicicleta, excursiones, viajes, sol, playa, … lectura, relax, largos paseos, descanso… todo es legítimo y sólo depende del gusto o la afición de cada uno. Pero intentemos no desaprovechar la oportunidad que supone salir de la presión del día a día para dar un empujón a nuestras relaciones. Regalemos comunicación. Horas de intensa y rica comunicación. Es gratis. Y es sin duda lo que todos más necesitamos.

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación