Racionalizar lo irracionalizable

March 1, 2014

En el contexto de una sesión universitaria sobre habilidades de comunicación en público pedí a mis alumnos una valoración sobre una intervención de tres conocidos personajes. Un grupo me presentó una elaborada tabla en la que puntuaban cada elemento a observar, (mensaje, gesto, tono de voz, escena…) ponderándolo posteriormente y llegando a una nota final. La paradoja es que con este sistema los 3 personajes acabaron prácticamente con la misma nota, y como ellos mismos reconocieron:

 

“… al final del análisis nos dimos cuenta de que todo y obtener la misma nota uno de los personajes nos parecía muy bueno y los otros dos bastante malos”.

 

¿Por qué falló el análisis?

 

En la comunicación de las personas hay cosas que se pueden analizar racionalmente y otras que es mejor sólo observar. Podemos analizar racionalmente lo que nos están diciendo (“es interesante, es novedoso, ya lo sabía…”), pero no el cómo nos lo están diciendo. Ahí la razón nos juega malas pasadas, y erramos en el diagnóstico. La intuición en cambio, derivada de la observación, nos guiará mucho mejor.

 

Cuando una persona habla, emite cientos de mensajes no verbales que estamos preparadas para captar, pero no necesariamente entender. Vemos una determinada expresión y enseguida sabemos que es falsa, pero no sabemos por qué. Estamos seguros que alguien nos está mintiendo, pero no lo sabemos explicar. Todos tenemos en nuestro cerebro el “software” necesario para captar estos mensajes, y para construir a partir de ellos una percepción. Pero este no es un proceso racional ni muy consciente. Es un proceso que realizamos intuitivamente, guiado por nuestra capacidad genética de captar los gestos y darles un determinado significado.

 

Para hacernos una clara y fiable impresión de alguien, lo mejor que podemos hacer es observarlo. Obsesionarnos por observar, sólo observar, y dejar que nuestra mente procese toda esta información y genere una impresión. Cuando esta impresión se haya configurado, seremos capaces –entonces si desde la razón- de explicarla.

 

El lenguaje no verbal no engaña; transmite con precisión lo que la persona siente, y es por tanto la fuente de información más fiable para evaluar a un ponente. Y todos sin excepción tenemos la capacidad de captarlo y darle significado. Lo que ocurre es que en muchos casos, tenemos esa capacidad adormecida. La falta de uso la ha anulado parcialmente. Es bueno por tanto que hagamos “gimnasia observacional” para despertarla, para ser capaces de captar más matices del lenguaje corporal de los otros. Nos explicaremos muchas más cosas de las que ahora nos explicamos, y no fallaremos en la percepción.

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación