La comunicación en tiempos difíciles: 10 cosas que deberíamos hacer especialmente bien

March 9, 2014

Vivimos tiempos difíciles, tiempos inciertos, que están poniendo a prueba la capacidad de liderazgo de las personas.

 

En las empresas, algunos directivos han optado por crear imperios del miedo, sin ser conscientes de que el miedo paraliza, anula la creatividad, y no ayuda a que la gente de lo mejor de sí misma. Sólo podemos salir de esta crisis con implicación y confianza, y algunas personas están provocando todo lo contrario.

 

Y en el contexto de los equipos, se están callando muchas cosas y se están dejando muchos pequeños conflictos por resolver, abriendo la puerta a las malas interpretaciones y a la desconfianza, cuando es un momento en el todos nos necesitamos los unos a los otros más que nunca.

 

Estas son 10 cosas que podemos hacer y que deberíamos hacer especialmente bien en términos de comunicación:

 

Escuchar más. Captar señales, percibir alertas, anticipar situaciones de conflicto. Estar más con la gente y sobre todo no encerrarse en los despachos y vivir más el pasillo, en el café o en la recepción.

 

Sobrecomunicar. Explicar más lo que ocurre y por qué ocurre, explicar más las perspectivas y los horizontes de futuro. Poner la comunicación en nuestra agenda del día a día. Las personas no sólo esperan que les contemos las cosas, si no que quieren vernos contarlas.

 

Ser claros y didácticos. Luchamos contra una atención selectiva derivada de expectativas frustradas, desinformaciones y rumores. Hemos de explicar las cosas muy bien explicadas, de distintas formas y en distintas ocasiones, y siempre con un mensaje claro en mente.

 

Ser más transparentes. En la era de Internet, pensar que podemos esconder información es ser iluso. La información hay que gestionarla, pero no podemos esconderla. Y en ocasiones es transparente decir que no puedo decir. Lo que no es transparente es despistar.

 

Ser más rápidos. Vivimos en directo, las 24 horas del día. Lo que no expliquemos nosotros se sustituirá por el rumor o la imaginación. No podemos esperar a tener todas las piezas del puzzle para contar algo. Hemos de contar lo que tenemos en cada momento, emplazando a la posterior actualización.

 

Ser más empáticos. Tener muy presentes los estados anímicos de la gente, y tolerar errores no intencionados. Evitar generar ambientes de tensión, y como reza un dicho japonés, “en caso de irritación, lo que tengas que decir dilo mañana”.

 

Resolver los pequeños conflictos. Uno a uno, y con celeridad. No dejar que se acumulen ni que se pudran. Convocar a la gente para aquellos “cafés pendientes” que tenemos, aquellas conversaciones que necesitamos mantener para resolver lo que nos ha distanciado.

 

Ser diques de contención, no correas de transmisión. Parar los golpes, reflexionar, y ver qué se necesita hacer en cada caso, pero no pasar la presión hacia abajo sistemáticamente y con efecto multiplicador.

 

Dar mucho más reconocimiento. Muchísimo más. No dejar que las relaciones se enrarezcan por demasiado peso de la crítica y por ausencia del reconocimiento. Buscar formas creativas e interesantes de reconocer el buen hacer de los demás.

 

Contagiar positivismo. Somos emocionalmente contagiosos, y podemos contagiar cada mañana lo que accidentalmente sintamos, o lo que conscientemente decidimos. Si decidimos contagiar positivismo, estaremos haciendo un gran regalo a los demás, y haciéndonos por el camino un gran regalo a nosotros mismos.

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación