Ella sí lo necesita

June 20, 2014

Rosalía tiene setenta y nueve años, y desde hace cinco es viuda. Tiene una preciosa casa en la playa en la que vivía todo el año con su marido. Cuando éste murió se trasladó a la ciudad a vivir junto a sus hijos, y ahora la utiliza para pasar largas temporadas de verano. Cada año invitaba a un grupo de amigas, y juntas pasaban diez días, haciendo excursiones, bañándose en la playa y paseando en la barca de su hijo mayor. No obstante el pasado verano Rosalía se sintió ya muy falta de fuerzas, y decidió que no podía seguir invitando a sus amigas. Así se lo hizo saber a ellas y a sus hijos, que en Agosto se reunían siempre con ella.

 

Sin embargo, y para sorpresa de todos sus conocidos, Rosalía apareció a  principios de Julio con una persona que se disponía a pasar unos días con ella. Era una señora de unos sesenta años, que nadie conocía ni relacionaba con ella.

 

Cada día se las veía pasear por el pueblo y cuando Rosalía encontraba algún conocido le pedía que las llevase arriba y abajo para visitar la zona.

 

Su vecino Alejandro, buen amigo de Rosalía, un anochecer fue a hablar con ella para preguntarle por su acompañante:

 

- Rosalía, como nos dijiste que estabas demasiado cansada para tener amigos en casa, nos ha sorprendido verte aparecer con esta persona.  Nos preguntamos todos quién es ella...

 

Rosalía le invitó a sentarse. Como siempre hacía, sacó unas pastas hechas por ella, y le dijo:

 

- Ella es Lola. Es la bibliotecaria del barrio en dónde vivo ahora. La conocí este invierno, yendo a buscar libros a la biblioteca. Un día la pillé con la guardia baja, y pude ver, tras una conversación telefónica que acababa de terminar, cómo se le escapaban las lágrimas. Le ofrecí tomar un café. Me contó un desastre tras otro: que su marido la acababa de dejar, que en la biblioteca le habían reducido la jornada, y que no sabía cómo salir adelante. Tras aquel café siguieron un par de meriendas, y una cena en mi casa. Llegaba el verano y vi que estaba totalmente colgada, y que pasaría sus vacaciones encerrada en su apartamento de cuarenta metros cuadrados....

 

Le contó que había pensado en darle un respiro e invitarla a su casa. Lo había hablado con sus hijos, que con buena intención la habían intentado disuadir, pero finalmente había decidido hacerlo.

 

- ¿Y tus amigas? –le preguntó Alejandro.

- No se cómo se lo tomarán, pero espero que lo entiendan. Mis amigas lo pasaban bien aquí, pero es que ella lo necesita.

 

Alejandro se encontró a Lola una mañana que Rosalía había salido al pueblo. La saludó por su nombre, ahora que lo sabía, y ella le dijo:

 

- ¿Sabes? No puedo creer lo que Rosalía ha hecho por mi. Meterse una desconocida en casa, sin pensárselo dos veces, y sin pedirme nada a cambio. Es lo más bonito que jamás nadie ha hecho por mi.

 

Pasaron los días y para Lola llegó el momento de la vuelta a la ciudad.

En el aeropuerto, las lágrimas corrieron de nuevo. Pero eran de puro agradecimiento. Rosalía pasó el resto del mes de Julio descansando, porque realmente las fuerzas ya le fallaban. No contó a nadie más la historia de Lola. Simplemente no era necesario.

 

                                                                               *   *   *   *   *

 

La generosidad es oro puro en esta metafórica Balanza Emocional que rige las relaciones entre dos personas. Lola nunca ha olvidado el gesto de Rosalía, y no hay nada que pueda poner en riesgo hoy en día su relación.

 

Y es que en este caso estamos hablando de una generosidad en mayúsculas, auténtica, difícil de no recordar.

 

Porque es relativamente fácil ser generoso con las personas que nos gustan, o con las personas con las que queremos crear un vínculo. Y es todavía más fácil ser generoso con aquellos que nos interesan. Pero no es fácil practicar la generosidad con alguien con quien no existe ningún vínculo ni compromiso. Alguien a quien podemos ni tan siquiera conocer, que simplemente lo necesita, sin más.

 

Forma parte de la idea de generosidad el dar sin esperar nada a cambio, pero no termina ahí la definición: es importante también analizar con quien practicamos esa generosidad. Porque si lo hacemos sólo con quien nos apetece o nos gusta, esta generosidad se queda en cierto modo a medias. Puede incluso ser una generosidad en el fondo interesada. Mientras que si lo hacemos –como lo hace Rosalía en la historia- simplemente con quien lo necesita, la generosidad adquiere entonces si todo su sentido.

 

Rosalía era generosa con sus amigas, año tras año, pero aquel verano dio un paso más, acogiendo a una persona prácticamente desconocida, con todos los riesgos que ello suponía. Se arriesgó incluso a la incomprensión de sus amigas y tuvo que enfrentarse al recelo de sus hijos. Su acto fue pues una manifestación de generosidad auténtica, que como no podía ser de otro modo supuso un monumental aporte de oro en su balanza emocional con Lola.

 

Una generosidad como ésta no sólo blinda en positivo una relación, sino que es además altamente contagiosa. Cuando tenemos a nuestro alrededor personas que practican esta generosidad, o cuando simplemente sabemos de ellas, es imposible no reflexionar, no revisar nuestras actitudes, y no sentirse apelado a practicarla de alguna manera. Así es como se sienten muchas personas del entorno de Rosalía, y así es como ella contagia su generosidad.

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación