Toda la verdad

August 31, 2015

Leo en la entrañable novela de Rachel Joyce “The love song of Miss Queenie Hennessy”esta frase:

 

“A veces rechazamos a las personas que nos dicen la verdad y no es porque estén equivocadas, es porque no soportamos oírla”.

 

Y pienso que es muy cierta, y que muchas veces como padres nos sentimos rechazados cuando decimos algunas verdades a nuestro hijos, (este verano lo he podido experimentar en propia piel) y como personas rechazamos a algún amigo, hermano, padre o cónyuge cuando nos dice alguna verdad a nosotros (también ha sido una experiencia personal del verano).

 

Y como resultado, muchas verdades se acaban perdiendo por el camino porqué en el rechazo la persona que nos escucha se desconecta, deja físicamente de oírnos.

 

Hay algunas consideraciones que desde el punto de vista de la comunicación podemos tener en cuenta.

 

En primer lugar, debemos tener muy presente que lo que llamamos verdad no es necesariamente la verdad sino que es sólo nuestra verdad. Sólo eso. Será bueno que lo expresemos en estos términos, sin asumir que si es verdad para nosotros tiene que ser necesariamente verdad para el resto de la humanidad. Podemos llamarle verdad porque es lo que es para nosotros, pero aceptemos que para el otro puede no serlo en absoluto. En las relaciones interpersonales, el concepto de verdad no existe como tal, sólo es el nombre que damos a nuestra personal percepción.

 

En segundo lugar, debemos asumir que decir la verdad es una tarea compleja, que requiere de una sensibilidad muy especial. Hay que saber encontrar el momento adecuado, el tono adecuado y sobretodo decir las cosas al ritmo adecuado. Porque si no, esta verdad no llega al otro. Cuando superamos el umbral de tolerancia de la otra persona, su reacción natural es el bloqueo, y nada de lo que le digamos le estará llegando.

 

Cuando nos sentimos atacados por el otro, nos desconectamos de la mente racional, y nos ponemos en piloto automático. Y el piloto automático (muy útil en muchas circunstancias, porque nos salva de muchos peligros), sólo sabe hacer dos cosas: huir o contraatacar. Dos reacciones letales para la comunicación interpersonal.

 

Así, decir la verdad es un ejercicio de asertividad fina. Que muchas veces requiere de más de un viaje, y estar muy pendientes de la reacción del otro, para saber en qué momento es mejor parar.

 

Y me asusto especialmente cuando lo que nos proponemos es decir no sólo la verdad, si no toda la verdad. En la expresión toda la verdad veo mucha más intención de descargarse, de soltar lo que llevo dentro, que de intención genuina de ayudar al otro. ¿de verdad necesita el otro toda la verdad, o con la justa y necesaria ya tiene bastante? La verdad le puede ayudar. Toda la verdad le puede herir o puede ser más de lo que puede aguantar.

 

Hay personas a quienes les va la verdad descarnada, sin tapujos. Y hay personas a las que no les va. Las primeras suelen darla a los demás sin contemplaciones (al fin y al cabo es lo que les gusta que los demás hagan con ellos) y las segundas suelen ocultar muchas verdades. Como siempre, la maestría estará en captar qué quiere el otro, y saber darle el nivel justo de verdad.

 

Y no olvidar nunca que nuestra verdad no es nunca la verdad.

 

 

 

 

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación