De la tristeza al amor

April 20, 2019

Leo en una novela de Marc Lévy: “A cierta edad detenemos la memoria visual que mantenemos de los padres, como si el amor no nos dejara recordar que los hemos visto envejecer”, y me siento profundamente identificado con la frase.

La memoria visual que retengo de mis padres se encuentra en una edad indefinida, en la madurez pero no en su vejez. Los recuerdo indefectiblemente con una sonrisa en los labios, con una expresión de ternura, y evoco en primera instancia los mejores momentos vividos juntos.

No se cuál es la explicación a este fenómeno, pero me aventuro a pensar que forma parte del proceso emocional por el que, cuando superamos la tristeza de la pérdida de un ser querido, la transformamos en amor, y ese amor nos proyecta, sin objetividad alguna, los mejores recuerdos.

Mi padre murió inesperadamente de una parada cardíaca. Y recuerdo que la primera noche tras su muerte, mi mente hizo un sorprendente proceso de reordenación de los recuerdos, aflorando vivencias preciosas que estaban en rincones olvidados de la memoria, y borrando pequeñas amarguras ahora sin importancia. Fue como un “reset” del disco duro, como si mi mente se deshiciera de todos los recuerdos que no me iban a servir para nada, y grabase en cambio de forma definitiva los que si me ayudarían.

Podría ser más objetivo, y rememorar episodios oscuros de mi relación con él. Pero ¿para qué? ¿Acaso se trata de un juicio? Poder recordar con amor a un ser querido, y poder expresar serenamente los mejores recuerdos, es la prueba de superación de la tristeza, y la prueba de su vuelta a la vida –a nuestra vida- de la que ya no marcharán nunca.

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Ferran Ramon-Cortés | Habilidades de Comunicación